Yo, mi primer amor

Sobre `Mi primer amor´, todos deberíamos aprender a que sea hacia nuestra propia persona, y desde allí, desde mí, hacia los demás.

“Si tienes la capacidad de amar, ámate a ti mismo primero” – Charles Bukowski – 

Últimamente escucho decir que vivimos en una sociedad cada vez más egocéntrica, impersonal e individualista, donde predomina el yo; que las redes sociales impiden el contacto directo entre las personas, y por ende, entorpece el nosotros.

No concuerdo mucho con ésta idea, creo en que nos escondemos detrás de los ataques masivos de información para desconocernos, para no enfrentarnos con nosotros mismos, con lo que nos pasa, con lo que sentimos o pensamos sobre nuestra propia persona y no por desinterés en el entorno… Así cuando alguna persona me realiza la pregunta, en teoría simple e inofensiva, de ¿cómo estás? no sé qué responder, porque si quien me pregunta es alguien muy cercano o interesado en querer saber cómo estoy, no se va a conformar con un monosilábico `bien´ y / o con mi automática vía de escape en la respuesta que será comentar sobre algo/alguien de quien acabo de leer en el diario, twitter, facebook o ver en instagram, snapchat, etc, etc, etc de cada medio o aplicación que  sea  moda de cada día, entre las distintas edades.

Con esto, no quiero referirme únicamente a profundizar sobre mi ser, ¿Quién soy? ¿Qué me motiva? ¿Quiero llegar a algún lado?, sino a conocer aspectos de mi versión actual ¿Qué me gusta? ¿Cuáles son mis canciones preferidas? ¿Y mis características de las cuáles siento orgullo? ¿Y aquellas sobre las cuáles quiero trabajar porque hoy no me siento cómoda con ellas?

Aunque parezca extraño, en muchas ocasiones, elegimos no hablar sobre nosotros mismos, por temor a parecer `narcisistas´. No confundamos entonces, conocerme y quererme con tener actitudes egocéntricas; ¡ésta distinción del lenguaje, es unas de las herramientas aprendidas gracias al coaching que más me gusta!

El término egocéntrico tiene su origen en la unión de dos palabras latinas: de `ego´ que es yo y `centrum´ que significa el medio de todo, así se describe a la  tendencia de una persona de la que todo hace referencia sobre sí misma, persona cuyos pensamientos, sentimientos y acciones están dirigidas a ser el  centro de atención. La persona egocéntrica, carece de la capacidad de ponerse en el lugar de otra (`¿Por qué?… ¿Hay alguien más interesante que yo? ´) y de observar desde el punto de vista distinto a su  ‘yo’, las cosas y las circunstancias que ocurren.

Una vez que ya hemos dejado de identificar la creencia errónea que no todo “yo” supone una actitud egocéntrica, empecemos a buscar de qué forma nos queremos a nosotros mismos:

El gozar de autoestima no depende de mi entorno social ni de mis pertenencias o `status´, sino de saber conocerme y definirme como ser. Depende de cuánto me acepto y me cuido física, emocional y mentalmente; de las personas que elijo para tener cerca y apoyarme, del saber decir “sí” y “no” con seguridad cuando eso es lo que quiero decir, por mi, no para complacer a alguien. Del tener respeto por mis emociones, decisiones, por mis valores, por quien soy hoy a pesar de toda expectativa ajena a mí. Eso es consecuencia de mi evolución como ser auténtico, y como tal, cometo errores. Aprender de ellos, a bajar mi “ego” y ponderar el pedir perdón, para construir y mantener relaciones sanas, porque eso es lo que merezco.

Desde el coaching, hay herramientas que pueden ayudar a generar, reconstruir o/y fortalecer el amor propio, el poder alcanzar a sentirnos valorados y orgullosos de la persona que somos.

Aquí les dejo un texto que se le atribuye a Charles Chaplin, en teoría escrito en  1936, el cual refleja lo que venimos desarrollando:

Cuando me amé de verdad comprendí que, en cualquier circunstancia, yo estaba en el lugar correcto, en la hora correcta y en el momento exacto y, entonces, pude relajarme. Hoy sé que eso tiene un nombre… Autoestima

Cuando me amé de verdad, pude percibir que mi angustia y mi sufrimiento emocional no son sino una señal de que voy contra mis propias verdades. Hoy sé que eso es… Autenticidad

Cuando me amé de verdad, dejé de desear que mi vida fuera diferente y comencé a aceptar todo lo que acontece y que contribuye a mi crecimiento. Hoy eso se llama… Madurez

Cuando me amé de verdad, comencé a percibir que es ofensivo tratar de forzar alguna situación, o persona, solo para realizar aquello que deseo, aún sabiendo que no es el momento, o la persona no está preparada, inclusive yo mismo. Hoy sé que el nombre de eso es… Respeto

Cuando me amé de verdad, comencé a librarme de todo lo que no fuese saludable: personas, situaciones y cualquier cosa que me empujara hacia abajo. De inicio mi razón llamó a esa actitud egoísmo. Hoy se llama… Amor propio

Cuando me amé de verdad, dejé de temer al tiempo libre y desistí de hacer grandes planes, abandoné los mega proyectos de futuro. Hoy hago lo que encuentro correcto, lo que me gusta, cuando quiero y a mi propio ritmo. Hoy sé que eso es… Simplicidad y sencillez

Cuando me amé de verdad, desistí de querer tener siempre la razón y así erré menos veces. Hoy descubrí que eso es… Humildad

Cuando me amé de verdad, desistí de quedarme reviviendo el pasado y preocupándome por el futuro. Ahora, me mantengo en el presente, que es donde la vida acontece. Hoy vivo un día a la vez. Y eso se llama… Plenitud

Cuando me amé de verdad, percibí que mi mente puede atormentarme y decepcionarme. Pero, cuando la coloco al servicio de mi corazón, ella tiene un gran y valioso aliado. Todo eso es… Saber vivir.

El saber mirarme con amor, con aceptación, con respeto, con confianza… harán que vuelva rápidamente a sentir mi primer amor cuando me encuentre con situaciones donde me lleven a flaquear en la calidad de mi amor propio.

© Sofia Chopitea

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