Hemos escuchado (y ¿repetido?) frases tales como “trabajar entre mujeres es imposible” o “entrenar a equipos de mujeres es difícil” y muchas otras del estilo, socavaron la forma en que las mujeres nos fuimos percibiendo y relacionando entre nosotras. Estas expresiones han sido herramientas del patriarcado para sembrar desconfianza y rivalidad entre nosotras, menoscabando nuestras capacidades y valía.
El daño causado fue profundo, ya que nos separa en lugar de inspirarnos a reconocer el talento, la resiliencia y la fuerza de cada mujer. Esta narrativa, impuesta durante generaciones, ha contribuido a que, en muchas ocasiones, prefiramos competir en vez de apoyarnos, haciendo que las barreras internas se conviertan en obstáculos para alcanzar el potencial colectivo.
Sin embargo, gracias al feminismo se está reconfigurando esta visión; impulsando la noción de sororidad, entendiéndose como la creación de lazos basados en el apoyo mutuo y la colaboración entre mujeres, el poder percibirnos como iguales, el poder aliarnos para transformar lo que alguna vez se presentó como “imposible” en un terreno de posibilidades para la innovación, la creatividad y el liderazgo compartido, demostrando que la igualdad es no solo posible, sino también beneficiosa para toda la sociedad.
Hoy más que nunca, es fundamental que nos apoyemos entre nosotras, reconociendo que el poder de transformar nuestra realidad surge de la unión y el empoderamiento colectivo.
Mi invitación para este día es que podamos encontrar en nuestras mujeres cercanas, además de aquellas líderes mundialmente reconocidas que nos abrieron las puertas a este camino de adquisición de derechos y espacios, una fuente inagotable de admiración.
Busquemos en nuestras madres, amigas, hermanas, compañeras y mentoras esa inspiración para reemplazar viejos mitos con nuevas realidades de empoderamiento y ayuda, de equidad, respeto, inclusión y colaboración.
Seamos el motor de un presente y futuro en el que cada mujer pueda brillar sin limitaciones, donde haya otra mujer:
Con experiencia y ganas de reaprender las veces que hagan falta,
Con un corazón noble y predispuesto,
Con una sonrisa sincera,
Con ganas de ir siempre por más,
Con armonía y calidez en su trato,
Con perseverancia para cumplir sueños propios y en comunidad,
Con capacidad para reinventarse las veces que sean necesarias, hasta conseguir tener la mente en calma y el corazón contento,
Con la fuerza y resistencia de lograr sus objetivos, a donde sea que vaya,
Con la inteligencia y humildad para enseñar con amorosa paciencia, hablando de lo que poca gente quiere hablar,
Siendo guía desde el conocimiento y la escucha activa, potenciando a su alrededor,
Siendo capáz de llorar, sabiendo que eso la hace más fuerte y una persona que convalida sus emociones, sin que flaquee su valor,
Siendo empática y solidaria, brindando oportunidades y contención,
Siendo ambición, dedicación y ejemplo de liderazgo,
Siendo resiliente y de actitud positiva, y aún así, dejarse apoyar en los momentos de vulnerabilidad,
Siendo colores y luz que ilumina su andar y a aquellas personas a las que transita,
Siendo arte y compasión, crecimiento y evolución,
Siendo resistencia ante la injusticia, excelencia en sus roles,
Siendo un equipo, donde cada una de las partes es necesaria para su funcionamiento.
Seamos mujeres que alentamos y admiramos a otras mujeres.
Seamos mujeres que nos empujemos a lograr nuestras mejores versiones.
Seamos abrazos que contienen sin ser indiferentes.
Seamos mujeres ambiciosas sin que eso suponga una connotación negativa o un pedir perdón por eso.
Seamos una mano tendida sin juzgar.
Seamos mujeres que nos permitamos equivocarnos sin culpa ni un dedo acusador.
Seamos mujeres con palabras amorosas ante la que lo necesite.
Seamos mujeres que si queremos facturar y llorar al mismo tiempo, lo hagamos.
Seamos mujeres libres en un sistema que nos acostumbró a bajar la cabeza o a pedir permiso.
Y siempre:
«Rodeate de mujeres que dirían tu nombre en un lugar lleno de oportunidades»
Anónimo.-