Mujer y maternidad

¡Mamá! ¡Mááá! ¡mamiiiiiiiiii! ¿Cuántas veces escuchamos estas llamadas? ¿Cuántas veces las seguimos haciendo sin importar la edad que tengamos?

¡Qué afortunada soy! Mi mamá es fantástica, aprendo mucho de ella y con ella; como así también de todas las madres con las que me rodeo en sus distintos roles: madres amigas, madres familiares, madres deportistas, madres trabajadoras media jornada, jornada completa y/o de manera independiente, madres, madres, madres…

Muchas veces, al sentarme a hablar con alguna de ellas y preguntar sobre el impacto en su vida por este gran cambio, me encontraba con la parte buena de la historia, la parte embelezada, destacando el amor por ese hijo/a; A excepción de una amiga, que tras el nacimiento de su primera hija me dijo “nadie te dice nada malo sobre la maternidad, hasta que me llegó ¡un día me sentí la peor de todas! porque yo esperaba que mi `instinto maternal´ me sirviera para amar inmediatamente a ese nuevo ser que nació de mi, pero no; nos estábamos reconociendo como madre e hija. No me sentí inundada de amor instantáneo, sino a medida que nos conocíamos y me sentí muy mal por sentir eso”. 

Así es cómo empecé a crecer tratando de ser más consciente del mundo de emociones, cambios, miedos, palabras, acciones y decisiones de la mujer en su rol de madre; A cambiar la mirada juzgadora ante una madre con su niño/a llorando desconsoladamente en el avión, entre las estanterías de un supermercado, en la mesa del lado en una cafetería… por una mirada acompañada de una sonrisa que le  transmita «está todo bien» a esa madre.

«La frase `madre que trabaja´, ya es redundante.»  Jane Sellman.

Considero que es momento de empezar a hablar sobre temas que muchas mujeres madres no se permiten expresar y sienten con culpa, además del temor a ser tildadas de “malas madres”. Es el momento de replantearnos nuestras idea preconcebidas sobre la maternidad, la forma de crianza, de educación, sobre la manera de comunicarnos y vincularnos entre las personas adultas y los niños.

Es tiempo de derribar creencias construidas en su mayoría por haber nacido y formar parte de sociedades patriarcales, y de reestructurarlas en base a nuestro querer y necesidades actuales. Es tiempo de generar sororidad entre nosotras e involucrar a los hombres en cuestiones fundamentales de la maternidad.

Para ello, recurrí a distintas investigaciones como así también a las historias de mujeres madres que admiro y quisieron compartir muchas de sus experiencias, las cuales se repiten y estarán ejemplificadas a lo largo de éste artículo ¡gracias por la enseñanza consciente o a través de distintos momentos compartidos!

Lo que no decimos y sentimos.

Sí, aún hoy hay muchos temas de los que no nos animamos a hablar, o que recién ahora estamos desnaturalizando. 

Como el embarazo en adolescentes o mujeres jóvenes que lo quieren, pero como esa decisión no es la que se espera de ellas, la sociedad no ayuda y es la que en muchos casos “la hizo sentir `menos´ que el resto. Señalada muchas veces como la `puta´”, queriendo convencerla que no era la mejor candidata para una nueva relación ni en la búsqueda de un puesto laboral «¿Quien toma a mujeres jóvenes, solteras y con hijos? Ese era `mi limitante´», recuerda una gran amiga y mejor mamá. Otros relatos destacan la necesidad de ocultar sus cuerpos crecientes con ropas holgadas ante los ojos de los demás estudiantes, para evitar todo el tiempo el dedo acusador apuntando a su panza de embarazada.

Como la violencia obstétrica, conociendo casos en que el ginecólogo “me dijera en medio del dolor que para que abría las piernas si después no me lo aguantaba”, “me dijo gritona e inútil en mi trabajo de parto”. O que se programe el parto en contra de la voluntad materna, y se la convenza de ello creando miedos sobre lo que `podría pasar sino´… evitando aclarar el personal de la salud, el beneficio en su gestión de tiempo y trabajo que esto conlleva. La automaticidad de su labor incluso afecta la llamada “hora santa”, cuando se priva a la madre de ese primer contacto piel con piel con el recién nacido.

Como todo lo relativo al amamantamiento. No solo la presión que muchas madres sienten de tener que saber “hacerlo y bien” inmediatamente recibidas las instrucciones; “Como y cada cuánto amamantar (recuerda una amiga mía del colegio) que me dijeron que lo había prendido mal, que el bebé lloraba porque se quedaba con hambre, que necesitaba mamadera ahora y ¡acababa de nacer! Entonces pensé que no iba a poder amamantar. Fue cuestión de esperar a que el cuerpo se acomode y comprender los ritmos propios y del bebé, me superaba esa situación”. A los problemas físicos que muchas madres experimentan a la hora de dar el pecho, se suman los mandatos sociales y culturales que tanta ansiedad causan a las mujeres.

Y esas batallas a las que las mujeres madres se las coloca: “si no das el pecho eres mala madre”. Como cuando se le da más valor al parto natural que a la cesárea: son operaciones, en ambas quedan cicatrices… pero parece más heroico uno sobre el otro, coinciden varias mujeres.

El sentimiento de culpa está siempre latente en numerosos casos:

  • “A no estar haciéndolo bien como madre ¿Qué es ser `buena o mala mamá´ ¿Qué / quién lo define? Porque somos nuestros propios jueces, cargamos exigencias que nos traicionan y nos hace sentir indefensas”, reflexiona una madre que buscó con entusiasmo el poder serlo.            
  • “Por querer hacer otras cosas además de ser mamá”, como necesitar momentos de ir al baño tranquila, dormir un par de horas seguidas o estar a solas de a ratos; Volver a tener una vida social o al menos recuperar algo de ello, como hacer deporte.                                                      
  • «Por elegir también desarrollarse profesionalmente y conciliar su vida laboral», sin caer en la polaridad de ¿ser madre o trabajadora?. Muchas veces ese volver a trabajar, después de la licencia por maternidad, se presenta llena de culpa ante la necesidad, obligación y/o elección del trabajo por un lado y por la sensación de abandono del hijo/ a por el otro.

Expectativa y realidad. 

Tener un hijo te cambia la vida… y así llegamos con nuestra idealización antes de ser madres, al despertar con el día a día. Siempre teniendo presente que cada experiencia al respecto es única y conviniendo que, el ser madre es un aprendizaje constante.

“Cuándo nazca deberá adaptarse a nosotros” frase en la que coincidían muchas mujeres antes de ser madre. Luego las prioridades cambian completamente: tienes a esa criaturita que depende totalmente de ti, lo que es aceptado sin sacrificio y con amor. 

La vida sexual en la etapa de puerperio y tiempo después, está desplazada. El cuerpo de la mujer, no responde de la manera que está acostumbrada, y eso también genera culpa. El agotamiento es total y si no se conoce y habla al respecto, para contar con el apoyo y entendimiento de la pareja, se generan desencuentros difícilmente reconciliables. El deseo de la pareja muchas veces se modifica, es arduo de reconstruir, de volver a armar y elegir, por eso la importancia del permitirse reconectar, tratando de feminizar la sexualidad durante esta etapa¹.

Aprender a no juzgar  o no hacerlo tan rápido. “Molestarme ante escenas de niños/as histéricos/as o con padres que les dejan llevar el carro de la compra en los estrechos pasillos del supermercado, niños/as con caramelos, niños/as con tablets… ¿Qué hacen los míos? Llevan el carro, se ponen histéricos, comen caramelos y a veces les doy la tablet/tele. A mis hijos sólo les compraré juguetes de madera y material creativo y nada de tele ¡por supuesto!.. En casa tengo la Patrulla canina en todas las versiones posibles: muñecos, peluches, cojines.” Ríe mi amiga italiana mientras cuenta estos detalles.

Querer mantener el éxito en todos los roles, es algo bastante difícil, esa exigencia interna y externa, puede destrozar a las mujeres.

Agotamiento o síntoma de Burnout

Este concepto de desgaste profesional (burnout) empezó a aplicarse también al agotamiento de los padres en dicho rol², especialmente a las mujeres que tienen este desgaste emocional y mental que se traduce como el trabajo invisible de las madres. El nivel de querer cumplir con todo: mantener los cánones de belleza y salud física, emocional, mental; trabajar para sentirse útiles y a la vez ser capaces de ser organizadoras de la economía  y mantenimiento de la casa, conservar las relaciones sociales de amistad, estar en los eventos importantes de los hijos, poder estar junto a ellos en los horarios de las comidas, llevarlos a jardín, colegio, tener tiempo para jugar, etcétera y el tiempo verdaderamente no alcanza, el estado de frustración es total, acompañado a una falta de sueño que perdura y afecta el humor y con eso, las relaciones.

La mujer desarrolla su maternidad con el peso o reflejo de la situación social con la que creció, donde tiene que ser capaz de todo; Porque no se permite fallar, ni sentirse superada, agotada, irritada, ni invadida por la culpa o el miedo, para cumplir el mandato del rol de madre. Estallando si no hay una red de contención y soporte, que facilite esos momentos de dudas y exigencias. Son pocos los lugares que actualmente cuentan con éstas facilidades para la mujer madre, inclusive para el efectivo cumplimiento de la conciliación laboral.

Esta sensación puede disminuirse, conociéndola, aceptándola y permitirse hablar al respecto, para generar herramientas y derribar tabúes. Educar con la energía y empoderamiento femenino, como los grupos de doula, y crear conciencia y empatía masculina, sobre la importancia de la salud mental y emocional de las madres. Crear nuevas dinámicas y reorganizar las actividades dentro de la casa, hablar con la pareja, familia e hijos y delegar tareas y responsabilidades de forma completa y equitativa, para que la carga mental sea más ligera y ésta no recaiga en una sola persona.

La mujer en su rol de madre es refugio, es amor, es incondicionalidad, es pasión, es entereza, es lucha, es calor, es leona, es poderosa y empodera, es mujer. 

Aprendamos a protegerla, cuidarla, respetarla, sostenerla, amarla en sus cambios, brindándole la contención y apoyo necesario para que se desarrolle libremente, con sus errores y aciertos, como la madre que elija ser.

Aprendí también, que esto no es solamente un asunto generacional o social: la maternidad y la paternidad, son todavía un tabú sobre el que deberíamos hablar más. Con total honestidad y libertad, para crecer y disfrutar de estos roles de forma sana y creando vínculos repletos de amor. Todas las madres que conozco, coinciden que no hay amor más grande e incondicional.

© Sofia Chopitea – esta foto especial, refleja el nacimiento de una persona que amo, junto a su madre igualmente adorada ¡guerreras y admiradas ambas!

¹ Laura Gutman, La maternidad y el encuentro con la propia sombra, Grupo Planeta Spain,edición 2014, página 88.

²  Moïra Mikolajczak e Isabelle Roskam, Síntoma de padres extenuados,Revista Mente y Cerebro, Nº 93, Noviembre – Diciembre 2018.

Categorías Blog

12 comentarios en “Mujer y maternidad”

  1. Hermoso artículo!! Muy bien enfocado… muy interesante!! me encanto! Comparto completamente tus palabras y es un tema que se tiene que hablar más honesta y sinceramente!! Gracias ?

  2. Hermoso Georgi tu mirada a esa maternidad tan compleja, tan poco entendida hasta por una misma!

    No hay fórmulas y cada madre vamos aprendiendo paso a paso conforme (como bien has dicho) según la franja social en la que creció.
    Con el tiempo, su maternidad se transforma en verdaderamente auténtica y le importa un rábano lo social y todos sus acometidos porque comprende que solo su esfuerzo en querer Amar, aprender y comprender, la empoderan majestuosamente! Le ocurran de primera instancia o no!

    No es fácil ni la maternidad joven ni la madura, siempre es un acto nuevo e irrepetible aunque se traigan al mundo 2, 3,4,5 ….etc etc número de hijos!

    Que suerte que mencionas a la Doulas!
    Que agradecida está una mujer madre cuando ve y siente que “otra” como ella, está acompañándola, y sienten juntas y miran juntas y entonces al fin se restaura la confianza en esa sociedad que exige ser la más valiente, la más preparada, la que no expresa dolor alguno….

    Que suerte ir contra corriente y expresar los miedos, el dolor… y todo está bien…Es lo que se espera!

    No hay una forma de nacer o una exclusiva forma de parir! Todas y cada una refleja un acto único y poderoso!
    Bien lo dijo Michel Odent en su frase:
    “ Para cambiar el mundo, hay que cambiar la forma de nacer”
    Y esto indica ir adquiriendo mayor consciencia sobre el tema y ya sean madres jóvenes o maduras, al tener más consciencia son y serán más libres a la hora de la crianza.

    Y con mayor consciencia transmitirá a “ su prole” su nueva cosmovision de mayor libertad Amor y empoderamiento para ella y los niños del nuevo mundo!

    Como dice L. Gutman:
    “Si soy consciente, no hay nada más amoroso, pleno, abierto y libre que criar, amar y vincularme con un hijo”

    Gracias Georgi por tu mirada esclarecedora, por tu consciencia ante este
    “ concepto de ser madre “
    y todo lo que verdaderamente implica.
    Gracias gracias gracias amorosa!!!

  3. Una amiga ahora embarazada me dijo «no creas lo que te dicen las otras (otras del mismo grupo tambien embarazadas), es durisimo el embarazo: tengo q tomar muchas pastillas, estoy siempre cansada, etc.
    Como bien decis, cada cuerpo y cada situación es distinta, y tenemos que sentirnos comod@s de poder compartirlas todas. Gracias por ayudarnos a reflexionar 🙂

  4. ¡Buenisimo Geor! Muy interesante tanto para las que son madres como para las que no lo somos. Super útil para empezar a modificar esas creencias que se desarrollan o imponen en torno a los «deberes» de las mujeres como madres! Cómo siempre, la reflexión esta presente en tus artículos, haciéndolos agradables de leer y ÚNICOS!! Gracias 🙂

    • ¡Muchas gracias Magui! que sea un puntapié inicial para animarnos a romper esas creencias y a brindar contención, escucha y empatía a las mujeres madres. Besote!

  5. Me maravilla leerte Georgi y sentir esa caricia, empatía, compromiso y esperanza. Gracias por motivar la verdad y la conciencia del ser, de uno mismo.

Deja un comentario