Llorar purifica el alma

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Las lágrimas de Freya de Gustav Klimt.

«Llorar purifica el alma» es la frase que desde siempre escucho de mi mamá.

Es un `está todo bien con llorar´, donde sea, sin importar la edad que tengas, frente a quien lo hagas o cual sea el motivo, porque llorar purifica el alma. Admito que mis lágrimas causadas por lo que considero una situación de injusticia, de bronca y/o impotencia no las puedo ni intento contener, me salen así, fluidamente desde siempre. Son una sensación distinta a aquellas motivadas por la alegría, por la emoción, por la tristeza o por cortar cebolla.

Al respecto, indican los especialistas que hay tres tipos distintos de lágrimas:

*Las basales son principalmente proteicas y permiten mantener los ojos húmedos, lubricados tras cada parpadeo.

*Las reflejas son provocadas por agentes externos, como el viento o el humo; cuyo fin es proteger frente a la irritación.

*Las emocionales son despertadas por sentimientos, emociones y suponen grandes beneficios. El llanto es una expresión emocional de cualquier persona. Es la reacción que tiene el organismo a nivel fisiológico, cognitivo, emocional y social ante distintas conductas.

«Quiero llorar porque me da la gana»- Federico García Lorca

Es importantísimo finalizar con mitos tales como “los hombres no lloran”, grave consecuencia del sistema patriarcal donde se enseña que el llorar es signo de debilidad, por ello se reserva el uso exclusivo de las lágrimas para las mujeres (léase la ironía) y reaprender, para quienes reprimen el impulso de llorar, que hacerlo es símbolo de fortaleza para poder ser autónomos emocionales.

Así también, romper con aquellas desaprobaciones que aprendimos en la infancia sobre como expresar las emociones en general, y a través del llanto en particular cuando, por ejemplo, nos caíamos jugando en el colegio y escuchábamos “deja de llorar por eso”. Y continuamos de grandes cuando, sin querer, acabamos llorando ante otras personas (o viceversa), siendo la primera reacción de consuelo (recibida o dada) palabras tales como “No llores, llorar no va a solucionar nada”. Y si bien es cierto que las lágrimas no van a resolver aquello que nos hace daño o entristece, es un gran inicio.

Hay personas que prefieren llorar en soledad, siendo un buen momento el salir a correr o bajo la ducha y otras que se encuentran mejor en el consuelo de un abrazo cercano. Cualquiera sea la opción, siempre es mejor que reprimirlo.

Muchas veces lo veo en mis sesiones de coaching o en los talleres que imparto, especialmente cuando tratamos la gestión de las emociones ¡Cuan fuerte es la creencia de que el llanto es sinónimo de debilidad! Qué difícil es aceptar y demostrar un sentimiento, porque hemos crecido con que hay “sentimientos buenos y malos” y si quiero ser buena persona, no puedo sentirme enojada, ni irascible, ni dolida, ni (aquí sigue la lista compuesta por aquellos sentimientos que a cada quien le hicieron creer que eran -¿son?- malos)… porque eso es malo ¡Ay! Cuanto por cambiar, para poder tener liderazgo sobre mi propio ser  y seguir desarrollando nuestra inteligencia emocional en pos de crear vínculos sanos. 

¿Por qué es bueno llorar?

*Libera tensiones: las lágrimas emocionales son las que el organismo produce en momentos de felicidad y tristeza. 

Cuando sentimos preocupación o agobio, es difícil pensar con claridad y el poder llorar nos permite sentirnos más relajados, ya que en cada lágrima se libera adrenalina y noradrenalina, hormonas que hacen que el cuerpo entre en un estado de relajación y desahogo. Así, el llanto es un calmante natural de la angustia.

*Ayuda a lidiar con el dolor: una forma de canalizar la pena es a través de las lágrimas. El llanto funciona como herramienta para liberar la emoción negativa y de esta forma ir sobreponiéndose al dolor y a levantar el ánimo, generando una sensación de bienestar. 

*Empatiza: cuando alguien ve llorar a otra persona, comúnmente tiende a empatizar con ella,  le brinda su hombro y/u oído, para desahogarse. Cualquiera sea la causa que creamos haya provocado ese estado, el llanto nos atrae, la compasión provoca que nos acerquemos hacia la persona que está llorando e interactuemos con un abrazo o algunas palabras, nos ponemos a disposición. 

¿Cuántas veces se nos ha escapado una lágrima por contagio social en alguna situación en la que no teníamos relación alguna? Eso es otro ejemplo de empatizar.

*Mejora el humor y el sueño: el llorar aumenta la cantidad de endorfinas y este estallido hormonal, nos genera una sensación placentera y de profundo bienestar lo que colabora en mantener el buen humor, mejora el mismo y el sueño. Por eso a veces, después de llorar, aparece una carcajada, una sonrisa o sentimos una enorme relajación.

*Hidrata: las lágrimas basales aparecen sin un sentimiento, son una producción de las glándulas lagrimales. Éstas llegan al ojo y se van en las lágrimas que sirven para protegerlo y combatir sustancias extrañas y suciedad. Además, mantienen la zona hidratada, porque oxigenan la córnea y cuidan la visión. Lo mismo sucede con las lágrimas reflejas, que se presentan cuando se mete en el ojo, un objeto extraño y molesta. Se producen en grandes cantidades porque contienen anticuerpos para proteger de gérmenes y posibles virus.

“Llorar y honrar tus propias necesidades y sensibilidades es una parte fundamental del autocuidado y de amarse a sí mismo, ser consciente de las necesidades y honrarlas para beneficiar la salud del cuerpo, de la mente y del espíritu”.¹

Contener las emociones puede doler

El cerrarnos emocionalmente, puede obstaculizar también nuestra capacidad de experimentar sentimientos positivos, como la alegría y el amor.

Para quienes nos vemos o entendemos de manera integral, holísticamente… los sentimientos no expresados, en algún momento se harán presentes en nuestra caja de resonancia, es decir, en nuestro cuerpo, Por ejemplo: cuando perdemos momentáneamente la voz o nos duele la garganta, hay una solución médica para aliviar ese sentir; Ahora bien, si queremos profundizar en ello, podemos preguntarnos ¿Qué no estoy queriendo / pudiendo decir?.

Al llorar, nos permitimos ser vulnerables. Y eso es bueno, contrariamente a lo que socialmente hemos aprendido, como signo de debilidad e indefensión. No es sano estar en guardia todo el tiempo.

Llorar no es una debilidad. Las lágrimas forman parte de nuestro ser y son un mecanismo de escape y alivio, es un modo de equilibrar las emociones, de reordenar nuestros sentimientos. Cumplen una función vital en el desarrollo humano, evitemos callarlas o tragarlas. Muchas veces, a través de ellas, una vez estamos en calma y con la cabeza oxigenada, podemos ver las cosas de otro modo y este es un paso para conocernos mejor, porque indagar en el motivo que nos generó el llanto, puede ayudarnos a comprender lo que es importante para nosotros, a reconocer qué nos afecta, cuáles son nuestras flaquezas, cuándo y cuánto necesitamos de otras personas y nuestras necesidades. 

Al buscar en nosotros, podemos llegar a conocer mejor a la persona que estoy eligiendo ser hoy y esto se convierte en un modo de autodescubrimiento personal.

¡Liberemos nuestro sentir! Sin miedo, temor o vergüenza por expresar lo que llevamos dentro.

«Llorar no indica que eres débil. Desde el nacimiento, siempre ha sido una señal de que estás vivo.” – Charlotte Brontë


1. Dra. Judith Orloff, autora de The Empath’s Survival Guide: Life Strategies for Sensitive People y psiquiatra de la Facultad de Psiquiatría Clínica de la Universidad de California, Los Ángeles. 

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